Una fuente continua de
REVELACIÓN Y VIDA
Textos
claves: (Fil.3:7-1O) (Col.2:1-3) (Is.60:1,2)
UNIDOS CON CRISTO
Nuestra
unión con Cristo es tan real que él habla y se expresa a través de nosotros. “Pues buscáis una prueba de que habla
Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros” (2 Co.13:3). Esto que parecería una
exageración, es sin embargo, lo normal de una fusión como la que el creyente
vive con Cristo. “El que se une al Señor es un espíritu con él” (1 Co.6:17).
“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn.2:6). Los
gálatas lo entendieron así cuando les fue predicado el evangelio por el ap6stol
Pablo. “Me recibisteis como un ángel de Dios, como a Cristo Jesús mismo”
(Gá.4:14).
RESULTADOS DE ESA UNIÓN
Desde
que el hombre perdió la comunión con el Creador, por el pecado, se han hecho
toda clase de intentos por regresar a Dios, conocerle, saber donde está Sin
embargo, “a Dios nadie le ha visto, el Unigénito Dios, que está en el seno del
Padre, El le ha dado a conocer” (Jn.1:18). Necesitamos, por tanto, identificar
al Cristo, el Mesias; y para ello es preciso recibir revelación. Dios se revela
a si mismo a través de Jesús. “Porque Dios, que mandó que de las
tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones,
para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”
(2Co.4:6). ¿Cómo
viene esa revelación?
- Por el llamamiento soberano de
Dios.
- Por su gracia. “Mas os hago saber, hermanos,
que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo
ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo... Pero cuando agradó a Dios, que
me apartó desde el vientre de mi
madre, y me llamó por su gracia,
revelar a su Hijo en mí,
para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con
carne y sangre” (Gá.1:11,12,15,16). “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que
fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos
predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo
aceptos en el Amado” (Ef.1:4-6).
Un
ejemplo de la revelación de la Persona de Jesús lo encontramos en la vida del
apóstol Pedro. “Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón,
hijo de Jonás, porque no te lo reveló
carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”
(Mateo, 16:15-17).
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