lunes, 1 de septiembre de 2014

REVELACION Y VIDA

Una fuente continua de REVELACIÓN Y VIDA

Textos claves: (Fil.3:7-1O) (Col.2:1-3) (Is.60:1,2)

UNIDOS CON CRISTO
Nuestra unión con Cristo es tan real que él habla y se expresa a través de nosotros. “Pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros(2 Co.13:3). Esto que parecería una exageración, es sin embargo, lo normal de una fusión como la que el creyente vive con Cristo. “El que se une al Señor es un espíritu con él” (1 Co.6:17). “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn.2:6). Los gálatas lo entendieron así cuando les fue predicado el evangelio por el ap6stol Pablo. “Me recibisteis como un ángel de Dios, como a Cristo Jesús mismo” (Gá.4:14).

RESULTADOS DE ESA UNIÓN

Desde que el hombre perdió la comunión con el Creador, por el pecado, se han hecho toda clase de intentos por regresar a Dios, conocerle, saber donde está Sin embargo, “a Dios nadie le ha visto, el Unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer” (Jn.1:18). Necesitamos, por tanto, identificar al Cristo, el Mesias; y para ello es preciso recibir revelación. Dios se revela a si mismo a través de Jesús. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2Co.4:6). ¿Cómo viene esa revelación?
  • Por el llamamiento soberano de Dios.
  • Por su gracia. “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo... Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre” (Gá.1:11,12,15,16). “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Ef.1:4-6). 
Un ejemplo de la revelación de la Persona de Jesús lo encontramos en la vida del apóstol Pedro. “Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”

(Mateo, 16:15-17).
Por Dios

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